jueves, 14 de noviembre de 2013

EDUARDO MAESTRE DISUELVE "LA RESISTENCIA"


En los lejanos tiempos de las máquinas de bolas, los pinball, los amigos del muy obrero barrio de los Pajaritos de Sevilla compartíamos los escasos recursos para jugar a las maquinitas: nos repartíamos las bolas de una partida (tres bolas en las más modernas, cinco en las más antiguas) de forma que cada cual con su bola debía cumplir. Eso significaba que con su bolita debía sumar la puntuación correspondiente para que entre todos se pudiera conseguir partida extra por sobrepasar los puntos necesarios.

Si además se encendían las especiales, que era el atajo para conseguir partida extra, no por puntos de marcador, sino por tocar con la bola en determinada diana, miel sobre hojuelas... También podía conseguirse partida  si al final  la ruletita con decenas de la lotería coincidía con las decenas del marcador.

En todos esos casos la máquina te daba partida extra, como se decía entonces... crujía, pues ella te lo hacía saber con un ruido seco, característico y orgásmico para aquel que lo conseguía hacer.

A veces la bola, simplemente se colaba, quedando mal entre los colegas de partida por acortar prematuramente la diversión. Podía colarse directamente o tras un largo soliloquio entre las gomas del pinball.  No siempre se ganaba.

Cuento esto porque me ha venido a la mente al leer con tristeza que Eduardo Maestre da un paso atrás en su proyecto denominado LaResistencia. Desconozco los detalles, pero parecen ser una mezcla de problemas de salud y fatiga de combate. Aquí la noticia en la página amiga de  defiendomiderecho .

Estoy convencido de que las razones para dar el paso atrás son poderosas, confío en que sean temporales, pero que de no serlo no debería preocuparle en demasía: ha cumplido.

Ha cumplido en el sentido mas gallardo del término, el de los chavales del barrio obrero que en los setenta compartían lo poco jugando a las maquinitas. Pero no solo ha puntuado mucho, ha encendido las especiales y la máquina ha crujido tantas veces y tan seguidas, que hasta los ociosos del bar -metáfora de nuestra indolente región- han dejado de mirar el fondo del vaso de vino y han dirigido la mirada a ese muchacho que no paraba de cumplir. Ahora parece que se le ha colao la bola, pero ha dejado una buena herencia de partidas extras en la máquina.

Con lo que ha hecho ha puntuado por mucho más de lo que le correspondía: su activismo en forma de vídeos, organización, exposición a la crítica -y al ataque- y hasta su participación en tertulias donde tertulianos sabelotodos le trababan el discurso nos reafirma en que de sobra ha cumplido.

Se ha señalado, que es lo peor que podía hacer un recluta en un cuartel o un obrero en una empresa. "No te señales, hijo" nos aconsejaban nuestros padres cuando marchabamos con el petate verde a esa mili de color caqui de la que no te podías librar en  el Soria 9, el RACA 14 o el Sagunto 7...porque no tenías enchufe para que te metieran en Intendencia, Automovilismo o Aviación. Y esa apología de la mediocridad, ese "no te señales" no era cobardía, era el sabio consejo de unos padres apaleados por haberse señalado de joven en esa Andalucía cuartelera. La amarga experiencia de haber hecho lo que había que hacer.

Andalucía no es muy distinta de aquel cuartel en donde el que se señala lo mandan a limpiar letrinas acompañando al que tenía la desfachatez de tener estudios, por listos. Sus apesebrados dirigentes, en lugar de cantar villancicos, que es lo propio del pesebre, levantan el puño y cantan patéticamente La Internacional, como el turista que se pone un sombrero mejicano para pasear por la Gran Vía: sin tener ni puta idea de lo que significan sus payasadas. En Andalucía con el agravante de los graves antecedentes de sinvergonzonería que les preceden.

Eduardo ha expuesto la cara e intuyo que se la han partido. Da un paso atrás porque lleva dando desde hace meses muchas zancadas hacia adelante y seguramente en algunas afirmaciones de sus videos se habrá equivocado, porque solo se equivocan los que se pronuncian. Los que se callan nunca yerran.

Desde esta página solo quiero transmitirle mi mayor respeto, por lo que ha hecho y por lo que considera ahora dejar de hacer. Y como es habitual en este blog, le dedicamos como metáfora de la lucha justa aún en severas condiciones adversas, la arenga de nuestro muy admirado Enrique V:


Hagas lo que hagas, gracias por lo que has hecho. Y aunque ni te conozco, tengo la impresión de que formamos parte del mismo y diezmado zarrapastroso ejército de los sincarné que luchan casi con sus propias manos como único recurso ante el expolio del muy bien asentado, alimentado y todopoderoso Régimen Andaluz. El régimen que, como aquel otro de aciago recuerdo, pese a nuestros esfuerzos, pretende durar mil años.