lunes, 5 de mayo de 2014

LA CORRUPCION ANDALUZA: Vender el vaso de plata a su dueño

Genial el artículo de opinión de Francisco Rosell en El Mundo:

Vender el vaso de plata a su dueño

IDÍGORAS Y PACHI

A MEDIDA QUE se acrecientan los exasperados esfuerzos de la Junta por zafarse de la trama de los cursos de formación, con sus paladines braceando desesperados en esa poza séptica, es difícil no emparentar sus martingalas con los clásicos de la picaresca, aunque no disponga este nuevo mester de picardía de la astucia de aquellos sollastres.
Así, exhiben ser punteros en aclarar esta nueva estafa en el que la Fiscalía Superior de Andalucía aprecia indicios delictivos, pero lo que hacen es taparla amasando empanadas con las que camuflan la realidad. Lo hacen además donde no debiera habitar la mentira y está plagado como es el Parlamento.
Sin arrendarle las ganancias al consejero Alonso, a quien le ha tocado la china y lleva los visos de su excolega Recio a cuenta de su mendaz aclaración de los ERE de la infamia. Su intervención del miércoles en la Cámara, donde la presidenta hizo mutis, rememora el lance del vaso de plata que Guzmán de Alfarache robara a su amo.
Cuenta Mateo Alemán cómo, tras una morrocotuda melopea de sus señores con unos cofrades del dios Baco, el argénteo jarrillo con el que brindaron y dieron vivas quedó rodando por el suelo y las puertas de la casa abiertas de par en par. Como la ocasión la pintaban calva, el malandrín de Guzmán aprovechó para poner el valioso objeto a buen cobro. Como hacía con sus raterías, lo escondió en la misma estancia para que, si sospechaban de él, sacarlo presto arguyendo que lo custodiaba en sitio seguro, y así ganarse la confianza de su patrón.
Al no dar con el vaso, y antes de que su marido espabilara, el ama, hecha un mar de lágrimas, se confió entre lágrimas a su criado, maldiciendo la hora en que invitó a sus amistades, a las que achacaba la desaparición del enser. Agobiada, le participa su temor a que su cónyuge la culpe del extravío. «Matárame, por lo menos, Guzmancillo, hijo de mis entrañas», rezonga ante quien, como el que caza una mosca al vuelo, se ofrece a la desdichada. Le propone adquirir uno igual con el cuento de que, ajado y abollado, lo hizo limpiar y restaurar y, así, apaciguar el enojo marital. Agradecida, encarece el encargo a quien nada mejor anhela y que se vale del ardid para que la dueña vuelva a pagar la pieza como si no le hubiera sido afanada, quedando feliz la burlada y el burlador pagado.
Algo similar urdió Griñán al destaparse el escándalo de los ERE usando al consejero Recio para la estratagema, al igual que ahora trajina Susana Díaz con Luciano Alonso con los cursos de Formación. Pero, si la primera tentativa no sólo resultó fallida, sino que Griñán y Recio han sido procesados buscando circunscribir el asunto a sus antecesores, no parece que vaya mejor el ensayo escenificado por la Presidenta y sus bomberos, a la vista de lo acaecido el miércoles en el Parlamento.
A diferencia de los hurtos de invención del pícaro imaginado por Mateo Alemán, las tramas de los ERE y los cursos de formación, sin olvidarse de Invercaria, son hurtos de permisión, esto es, de imposible comisión sin la connivencia y anuencia de la Junta. Ello motiva su extensión -ya en 2004 la Cámara de Cuentas avisó de las anomalías en similares términos a los de este 2014, sin que nada se hiciera en diez años-, su conexión con otros saqueos y la afinidad de logreros mediante el falseamiento de facturas y de sociedades con el exclusivo objeto de recolectar caudales del presupuesto sin justificación ni miramiento. Si a Jesús Gil se le achacaba haber dispuesto de una estructura paralela para expoliar Marbella, su patrón de conducta ha sido adoptado por la Junta.
Como hija del régimen, la bebesauria Díaz se inhabilita, a ojos vista, para erradicar un estado de cosas que la compromete política y personalmente. Atrapada en ese fuego, y sin aguardar a ganar sus primeras elecciones para dar a conocer su auténtica faz, se desenmascara a medida que salen a flote las inmundicias de una corrupción que se ha cultivado con el primor y mimo que hubiera demandado Andalucía para salir del marasmo, cual barco encallado en un banco de arena sin encontrar quien la remolque. Cuando se sacude las acusaciones de la oposición en relación con el acuerdo suscrito con UGT para costear sedes conjuntas con fondos de la formación o de que su marido impartiera esos cursos bajo sospecha advirtiendo que a ella, «en el camino del barro, no la van a encontrar», olvida que justo de esa materia están hechos sus pies.
Al sobreestimarse unas capacidades que no hay por qué negarle, aunque se rebajen al tiempo que se le suben los humos, había adquirido una aureola tal que había hecho que, como apreció el psicólogo americano Edward Thorndike al estudiar cómo evaluaban los oficiales a sus soldados en la I Guerra Mundial, su buena acogida inicial se extendiera a todos sus rasgos. Como acontece con la veleidosa fortuna, ahora esa creciente mala opinión se generaliza a toda su personalidad pasando de ser modelo de virtudes a dechado de defectos. Por eso, atendiendo a lo escrito por Bernard Shaw en Pigmalión de que la gran diferencia entre una señorita y una florista no estriba en su comportamiento, sino en cómo son tratadas, quien iba lanzada a gran esperanza blanca del PSOE regresa a ser observada de nuevo como la corista que fue hasta que su Pigmalión Griñán posó sus ojos en ella.
Haciendo negocios en familia tanto en un sentido estricto como amplio, el PSOE ha creado una madeja que no destrenzará quienes la urdieron. Por eso, sus dirigentes ganan tiempo prometiendo imposibles con leyes tan inútiles e inaplicadas como las vigentes y más organismos en los que colocar gente de la cuerda. En vez de ajustarse a su razón de ser como órganos de control, harán la misma vista gorda que los actuales y que éstos disimulan desfogando contra aquellos que, como la juez Alaya, andan empeñados en que se cumplan estrictamente.
Si Díaz hubiera aplicado su periodo de gracia en acreditarse contra la corrupción, no habría defraudado a quienes, escarnecidos, no transigen encima con pagarle el vaso de plata hurtado. Sacando lustre a su fama tan raudamente sobrevenida, se le ha ido el tiempo y persisten esos grupos de intereses creados que no están por perder los privilegios que un sistema cerrado les confiere.
Si Andreotti distinguía dos tipos de locos: quienes se creían Napoleón y los que se figuraban facultados para sanear los ferrocarriles italianos, algo análogo se concluye en Andalucía con quienes blasonan combatir una corrupción que les reporta, paradójicamente, réditos dinerarios y electorales.
La clave de una democracia reside en instituciones que eviten o, al menos, palien los daños infligidos por gobernantes inútiles o impúdicos, si es que no concilian ambos vicios. Andalucía lleva lustros verificando que, por democrática que sea la elección, si se fía a una casta libre de manos, ésta se valdrá del nepotismo, el clientelismo y la corrupción para apoderarse de la riqueza común y establecer una especie de monarquía electiva que elude someterse a las leyes que ella misma promulga.
En tiempos de grave crisis y de paro desbocado, cuanto la gente indignada se pregunta ¿Quién se ha llevado mi queso?, no puede encomendarse a los mismos que lo derrocharon en latrocinios y dispendios. Por hacerlo, lo paga por partida doble, además de quedarse con el problema dentro de casa como la incauta ama a la que engatusó Guzmancillo. El perillán obró con la astucia del zorro que, adulando al cuervo que sólo sabía graznar y al que convenció de que gallearía estirando el cuello, le quitó el queso de la boca, burlándose de su necio proceder. Como toda prudencia es poca, los clásicos aconsejaban dormir en un pie como las grullas.