domingo, 14 de septiembre de 2014

EL MUNDO: El Observatorio de la Corrupción


El Observatorio de la Corrupción


IDIGORAS Y PACHI
ISAIAH BERLIN, UNO de los pensadores capitales del siglo XX, solía referir la anécdota que le aconteció en 1944 mientras trabajaba en la embajada británica en Washington y le cursaron orden de retornar ipso facto a Londres. Hubo de hacerlo en un ruidoso bombardero, único avión disponible. Carente de cabina presurizada, voló con máscara de oxígeno que le impidió hablar toda la travesía, así como leer al carecer de luz. No le quedó más remedio que hacer, según bromeaba, la cosa más terrible: tener que pensar. Quizá para no verse en tal aprieto, el político suele atiborrar su agenda de cosas ociosas para no tener tiempo de reflexionar. Hablan y hablan sin parar, por no callar. Ello les mueve a improvisar ocurrencias como la del Barón de Münchhausen, quien ensayó salir de una ciénaga tirándose de la coleta.

Así, cuando ya queda poco que observar en lo que hace a una corrupción incrustada en el corazón del régimen andaluz, y sí mucho que actuar en este campo abonado al latrocinio, IU no sabe de qué postura ponerse para escamotear su complicidad. A este fin, promueve un Observatorio sobre la Corrupción que ampliaría el número de abrevaderos de los abarrotados establos a Junta, en vez de limpiarlos como hizo Hércules con los del rey Augías, que también acumulaban tres décadas de basura. Dado el nivel de las aguas negras, Andalucía precisa menos observadores que blanqueen la connivencia de quienes les designan y más resolución contra una malformación que se ha hecho congénita por la inobservancia de las leyes por parte de quienes tienen que guardarlas y hacerlas guardar.

Pasma la impavidez general después del testimonio ante la Guardia Civil de un alto cargo de la Junta -el director general de Formación Profesional para el Empleo, Carlos Cañavate- confesando el fraude masivo de fondos europeos que el Gobierno andaluz repartió sin criterios objetivos y cuyos beneficiarios fueron exonerados de justificar su destino, haciendo de la excepción regla. Estos desmanes cavaron un agujero de 270 millones que se repuso de otras partidas para que el escándalo no alcanzara a Bruselas. En suma, Andalucía afronta los recortes de la crisis, pero además los derivados del pozo sin fondo de los saqueos. Pero, a lo que se ve, ésta no se agita ni con el sonido de las trompetas que derruyeron las murallas de Jericó.

«Menos mal que quedan jueces en Andalucía» (por ahora), evocando aquel grito de felicidad de «¡Señor, aún hay jueces en Berlín!» que entonó en 1737 un humilde molinero a quien el todopoderoso Federico II de Prusia acosó para derruir su molino porque afeaba las vistas de su nuevo palacio-castillo de Sans-Souci y al que la Justicia le dio la razón frente a aquel rey apodado El Grande. Claro que aquí hay quienes se empeñan en que no se haga Justicia y quieren reducir los saqueos a «irregularidades o deficiencias de gestión». Veniales pecadillos que se saldarían con tres avemarías para que la justicia penal aparte sus manos de sus protegidos Chaves, Griñán y Magdalena Álvarez. En justa reciprocidad por tantos millones del Presupuesto que arrimaron al diario que se revuelve contra la juez de los ERE, como antaño contra los magistrados que osaron investigar las rapiñas y crímenes del felipismo. ¡País! Frente a los que buscan jueces con buenas ganas de dar placer al hombre de poder, como diría el clásico, la Fiscalía Superior de Andalucía, en su memoria anual, se cura en salud y habla de «crimen organizado en sus manifestaciones más graves» por incumplimiento de la legalidad.

En esta hora crítica, donde sobran palabras y faltan hechos, se pregonan reformas que son sencillamente embelecos. Dando palos al aire, estos observantes de la podredumbre andan tentando la corrupción como críos divertidos jugando a la gallinita ciega. No cabe mayor despropósito que los contemplativos con el pillaje auspicien observatorios para ver si, de esta guisa, confunden a la gente y la despistan sobre cuáles son los causantes del mal. Tan a la vista queda su argucia que es posible que nadie repare en tamaña evidencia, al igual que la perseguida carta del cuento de Poe que se mantuvo oculta dejada sobre la mesa.

Para colmo, esta iniciativa no es ni original. Ya la planteó en sede parlamentaria el Fiscal Superior de Andalucía, Jesús García Calderón. La rapacería no requiere observatorios, salvo que se estime tan inaccesible como una estrella, sino combatirla a fin de que los delincuentes sean presos y devuelvan lo robado. Nada resolvería ese observatorio ni dependiendo del Parlamento. Ni un solo de estos chiringuitos se aviene ni en su composición -tomados por fieles de los partidos-, ni en su trayectoria a los objetivos para los que son creados. Así lo prueban, por ejemplo, el consejo de RTVA, hipotecado para preservar la pluralidad de este medio público, o ese Consejo Económico y Social que se reparten UGT-CCOO-CEA y sin pudor para incorporar como consejeros a imputados. 

Por no emplearse contra la corrupción, gobernantes inconscientes propician la llegada de falsos profetas, de los que Dios nos libre
Pero es que ni siquiera al Parlamento se le respeta ni éste se hace respetar, saltándoselo a la torera como ha hecho la presidenta de la Junta, Susana Díaz, con la excusa del viaje a Marruecos huyendo de la quema. ¿Cabe mejor atalaya desde la que observar la corrupción andaluza? Compuesto y sin presidenta, el promotor del observatorio, Diego Valderas, en su condición de vicepresidente del bipartito, hubo el jueves de dar la cara por ella, tras poner sordina a una misión con la que IU fue siempre beligerante hasta el extremo de montar un simulacro de referéndum en el Parlamento andaluz sobre la independencia del Sáhara. Aquello desató la ira de Mohamed VI y el inicio de una crisis diplomática con el vecino del sur, incluida la invasión y posterior desalojo del Peñón de Perejil por el Ejército español.

Esta vez, IU se ha morigerado clamorosamente con una excursión de celebración del primer año de gobierno de Díaz y que a la Presidenta le servirá para atesorar una foto más en su álbum. Le ha faltado tiempo para deslizar abiertamente que el paseo a la otra orilla mediterránea se ha preparado con el concurso de la Casa Real española, cuando le hubiera bastado con telefonear a Chaves, quien goza de buenos contactos allí donde dice encontrarse como en casa. Ello explica sus estancias, como las de este verano inaugurando un hotel en Tánger de un matrimonio amigo. Pero, si con don Juan Carlos presumía de ser su confidente en temas de Estado, con don Felipe, si no fuera por la edad, cualquiera diría que Díaz es la tercera infanta. La Presidenta se vale de Andalucía para hacer carrera política, mientras la sobrevuela cual absentista gobernante para no vérselas con los problemas que la acechan. Su interés a cualquier precio.

Al no escarmentar en cabeza ajena y olvidar las lecciones de la Historia, se ponen de moda las recetas fracasadas que llevaron la miseria y el terror allí donde cuajó la cizaña. Quienes reencarnan a aquellos que arrastraron en su fracaso a millones de seres humanos y privaron a generaciones de una vida digna se adueñan de la escena universitaria y televisiva hablando conmovedoramente de valores que hostigan al tomar el poder, merced a una sociedad en la que la politización y la polarización adquieren unos niveles enfermizos difícilmente sanables.

Estos nuevos bárbaros hallan la fortaleza desguarnecida por quienes no sanan el sistema ni se emplean con ejemplaridad, por lo que su temeridad torna en temor al verle las orejas al lobo. Son políticos inconscientes que, secundando la máxima napoleónica, estiman más seguro ocupar a los hombres en asuntos absurdos, como el observatorio de Valderas, que en las ideas justas, como la erradicación de los bajos fondos de una corrupción institucionalizada que todo lo anega. Cualquier cosa antes que ponerse a pensar.

francisco.rosell@elmundo.es

http://www.elmundo.es/andalucia/2014/09/14/54148442268e3e74608b456f.html