miércoles, 2 de octubre de 2013

ANTONIO BURGOS: "Dinero al bote"




- Padrino...disculpe que le moleste, pero el dinero del bote ya se lo han gastao los compañeros en comilonas y riñoneras horteras con el logo del sindicato que no se las ponen ni los gorrillas de cutres que son ... -Tranquilo amigo, que hemos arreglao en abril una subvencion de 50 kilos para formación que de gambas que vais a comer vais a tener todo el sindicato problema con el ácido úrico....a ver si os pasais a la verdura, que el de Madrid no se estira tampoco este año....

Antonio Burgos: Dinero al bote
 No sé por qué se meten tanto con la Unión General de Trincones, perdón, con la Unión General de Trabajadores, ¿en qué estaría yo pensando? No sé por qué se meten con estos señores, cuando deberían proponerlos para un premio, o para algo de eso de la Unesco que ahora pide todo el mundo, lo del Patrimonio de la Humanidad. Gracias a la UGT hemos rescatado un rito español en trance de pérdida: el bote. Por culpa de las Apuestas y Loterías del Estado, se había últimamente desnaturalizado el bote. Por bote se entendía más bien el premio acumulado de sorteos anteriores, cuando no le había tocado a nadie. Y no el bote de "la sencilla taberna y el modernísimo bar" que cantaba el pasodoble del coñac Fundador; el bote de la cafetería con nombre de Estado norteamericano; el bote de las propinas a los camareros, que era más bien la derrama de las vueltas que no se recogían.

Frente a una Europa de propinas obligatorias y reglamentadas del 10 o del 15 por ciento de las facturas en la hostelería, en España seguimos considerando esa atención dineraria con el personal como las notas de fin de mes para los escolares, una calificación. Si el camarero ha sido simpático y ha servido pronto y bien, le dejamos propina. Si es un sieso manío, como los hay a millares en el Gremio de Camareros Malajes, la propina se la va a dejar su padre. El bote, no: el bote era algo más directo e inmediato. No de las mesas de restaurantes o bares, sino de las barras. Bien visible estaba el bote propiamente dicho, que era una vasija de barro o una como hucha de hojalata que las marcas de bebidas daban de propaganda. Y el rito, oh, maravilla, del canto coral de los camareros, que llevaban la contabilidad del bote, anunciando las entregas y agradeciéndolas sobre la marcha:

-- ¡Duro al bote!
--- ¡Gracias! 

Tanto es así, que cuando en italiano macarrónico de La Caleta narré la fuga del capitán del "Costa Concordia", aquel Francesco Schettino que superando la marca mundial de canguelo de los italianos en Guadalajara abandonó el buque tras el naufragio y se piró en un bote, dije que el metre del restaurante del barco, al verlo najarse, exclamó:

-- ¡Capitano al bote! 

A lo que respondieron todos los camareros a coro:

-- ¡Grachie, grachie, grachie! 

Es lo que cantaban Luisa Linares y Los Galindos, los que más sabían del bote en España hasta que llegó la UGT. Aquellos Galindos del éxito de "A lo loco", de "Hay quien dice de Jaén" o de "Me gusta mi novio" hicieron en 1961 popularísima una canción de Villafranca y Gordillo que se titulaba exactamente como lo de la UGT ahora: "Dinero al bote". No hay palabras para agradecer a la UGT que haya traducido al español más castizo el extranjerismo mexicano de "mordida". De mordida, nada: aquí se reparte el dinero que estos señores, que son tan rumbosos, han dejado para el bote. Los profesionales del sindicalismo no son precisamente la Tonta del Bote, ésa es Lina Morgan, que es de derechas. Son los listos del bote. Una hucha de barro o una factura inflada, ¿qué más da? La cuestión es tener una atención con el personal que sirve tan divinamente los intereses de la clase trabajadora (mire usted cómo se me ha quedado el dedo). Aunque me queda una duda. ¿Cuál puede ser el nuevo himno de la UGT? ¿El ya clásico "A las mariscadas", versión crustácea y langostínica de La Varsoviana, o lo de Luisa Linares y Los Galindos, "Dinero al bote"? Era precioso. Decía: "La tasca es nuestra ilusión,/cuando vamos a pagar/prestamos mucha atención/porque nos gusta escuchar:/Dinero al bote,/¡gracias!,/ peseta al bote,/¡gracias!,/ un duro al bote,/¿eeeeeeeh?,/ ¡gracias, gracias, gracias!". 

Bueno, pues estos tíos son tan trincones que se llevan los millones del bote y encima no dan ni las gracias. 

http://www.antonioburgos.com/abc/2013/10/re100213.html