viernes, 27 de marzo de 2015

Alaya acusa pero Susana Díaz no se da por aludida

Alaya acusa pero Susana Díaz no se da por aludida

  • La captación de la clientela electoral se hacía sobre la base del robo al ciudadano


Los andaluces han votado hace cuatro días y han dado su respaldo mayoritario a un Gobierno del que se sabe hace mucho tiempo que ha amparado prácticas fraudulentas de la peor estofa y cuyos miembros, por lo menos los de segundo nivel, se han enriquecido con el dinero público destinado a los parados. No ha votado ni engañado ni ignorante el pueblo andaluz.
Por eso tiene una carga enorme de melancolía cualquier consideración que se pueda hacer ahora, con motivo de los últimos autos de la juez Alaya. Porque más claro no se puede decir, y más terrible no puede ser. Lo que la juez afirma con todas las palabras es que desde la Junta de Andalucía se ha organizado una red para delinquir. No sé si tanto escándalo repetido nos ha acabado anestesiando y ya no tenemos capacidad de reacción o es que nos hemos acostumbrado a considerar normales o, por lo menos, tolerables enormidades como la que apunta la juez en sus escritos.
Ella afirma que desde la Junta se daban las órdenes a las delegaciones de Empleo de las provincias andaluzas ¡para que no controlaran el dinero que recibían para destinarlo a la formación! En definitiva, que se instruía a los delegados para que facilitaran y lubricaran el robo de los fondos públicos. Hay una cantidad enorme de detenidos y el fiscal pide para algunos de ellos fianzas millonarias y, sin embargo, aún no se ha producido la más mínima explicación, ni la menor dación de cuentas, ni la dimisión de ningún responsable político de esa Junta, salvo las renuncias de los detenidos que aún conservaban sus puestos en la administración.
Pero esto exige que la recién elegida presidenta se presente ante la opinión pública y se cubra la cabeza de cenizas, porque es tan escandaloso este desfile ante la Justicia de la recua de altos cargos, que no puede de ninguna manera permitirse el lujo de considerarse exenta de plena responsabilidad y darse por no aludida. Hay situaciones que entran de lleno en lo intolerable y ésta lo es. Pero a la hora de cierre del periódico Susana Díaz no había dicho ni una palabra.
El enésimo escándalo que cerca al Gobierno autonómico andaluz apunta cada vez más arriba y cada vez con mayor concreción. Dice la juez que de lo que se trataba era de crear una red de clientelismo político, y a fe que lo lograron. Lo tremendo del caso es que esa captación de clientela electoral se hacía sobre la base del robo a los ciudadanos. Con ese método y con el método Sabalete, por el que se amenazaba a los trabajadores con la pérdida de su empleo si no se lanzaban a la calle para hacer campaña a favor del PSOE, se ha forjado en Andalucía el sometimiento de muchos votos. Votos férreamente cautivos pero votos tan válidos como los votos libres. Todos ellos juntos, sumados y revueltos dieron el domingo el espaldarazo a esa forma de gobernar. ¿Es o no para sumirse en la melancolía?